Almendras de Ujué
Estefanía Arangua
Un siglo de historia
La Tradición Garrapiñada de Ujué: La Herencia de Estefanía Arangua
Ujué, una pintoresca villa en Navarra, no solo alberga encantadoras calles medievales, sino también una rica tradición culinaria. Sin lugar a dudas, el dulce insignia de la localidad son las almendras garrapiñadas, que han endulzado los paladares de locales y turistas por más de un siglo.
Esta deliciosa tradición tiene sus raíces en la inventiva de Estefanía Arangua, viuda de un boticario. A principios del siglo XX, inspirada por la afluencia de peregrinos y la abundancia de almendras en la región, Estefanía comenzó a elaborar almendras garrapiñadas en la antigua botica. Si bien inicialmente también produjo guirlaches y chocolates, con el tiempo se centró en perfeccionar exclusivamente la receta de las almendras.
La tradición fue tan emblemática que, en 1926, las almendras de Ujué obtuvieron una medalla de oro en una exposición en Pamplona, solidificando su reputación. Para destacarse de las imitaciones, las almendras de Arangua se proclamaron como las auténticas garrapiñadas de Ujué y, en 1928, su receta se patentó.
A lo largo de los años, el negocio pasó de manos, de generación en generación, hasta llegar a Laura Garde San Martín, quinta generación y actual responsable del legado de Arangua. Bajo su tutela, la tradición se ha mantenido viva, utilizando la receta original y garantizando que cada almendra tenga el sabor y la textura que las distingue: un dulzor sutil que, según Laura, las hace parecer más «caramelizadas» que garrapiñadas.
A pesar de la modernización y los cambios en la gastronomía, el método de elaboración ha permanecido fiel a sus orígenes. Se necesita un delicado equilibrio de azúcar, agua y almendras, junto con un proceso cuidadosamente cronometrado para asegurar que las almendras estén perfectamente recubiertas.
Para quienes visitan Ujué, las almendras garrapiñadas no son solo un dulce, sino un viaje al pasado, una conexión con la historia del pueblo y con la visionaria Estefanía Arangua. Y para Laura, cada almendra es un recordatorio del legado que le ha sido confiado, un dulce testimonio de la tradición y la perseverancia.